Mediante este espacio mostraremos obras de arquitectura latinoamericanas que tienen, a nuestro parecer, ACTITUDES para con la ciudad y su entorno social y cultural que son dignos de ser destacadas, ya sea por su mirada Regionalista/contextualista, por un rescate de las tradiciones locales o por su voluntad de "hacer ciudad" mediante espacios públicos para la comunidad.

"Hacer arquitectura en Latinoamerica es un acto político ademas de estético y cultural,toda acción que transforme los espacios en función del bienestar, participación y la apropiación de la ciudad son necesarios, y es ahí donde la arquitectura no debe estar ausente."Rogelio Salmona

lunes, 12 de septiembre de 2011

Sucursal del cielo (4 Vigas)

Obra- Tumba en Piribebuy (En memoria de su padre)
Arquitectos- Solano Benítez, Alberto Marinoni
Colaboradores- Silvia Ortiz, Silvio Vázquez, Oliver Ortiz,
Adriana Sbetlier, Giovanna Pederzani, Gabriela Abente, Raúl Vera
Ubicación- Piribebuy, Paraguay
Superficie- 81M2
Año proyecto 2000
Año construcción 2001



Fragmento de una carta de Solano Benitez.

“...estoy construyendo un proyecto que me demoré diez años en hacerlo. Imaginá un cuadrado de 9 metros de lado en un paisaje muy particular, dos de los lados están bordeados de manera irregular por un pequeño arroyo de aguas cristalinas de 60 cm de ancho promedio, con pequeñas caídas de agua de 30 cm; y atravesando como en diagonal el cuadrado,transcurre otro curso menor que corre configurando una pequeña isla que desaparece a pocos metros, donde reconfluyen las aguas.Este cuadrado está conformado por cuatro vigas de hormigón sostenidas cada una por un solo pilar.




Te imaginarás, debido a la humedad de los cauces del arroyo, que este lugar está particularmente vegetado, y
que las vigas se entrecruzan con la densidad arbórea y los helechos de gran porte, sin molestar a ninguna  especie. El lugar así queda nombrado desde afuera con esta entrelazante estructura de hormigón.En la cara externa de cada una de las vigas, en el encofrado, se introdujeron hojas de amambay –un helecho muy característico de estos arroyos–, que estampa de esta forma su huella en el hormigón y fue ejecutado con la ayuda del maestro “Solanito”, mi apasionado hijo mayor.La cara interna de las vigas está recubierta de espejos,de forma tal que el espacio nombrado desde fuera desaparezca desde dentro.En el interior del cuadrado, esquivando las raíces, a la sombra de los árboles y poblado por el sonido del agua de los arroyos, hay una fosa, también de hormigón armado; que será de ahora en adelante, la tumba de mi padre.




Este proyecto lo abordé sistemática y periódicamente a lo largo de estos diez años que ya transcurrieron desde su muerte; y lo abandoné con la misma constancia con que surgía la necesidad de elaborarlo, cumpliendo un pedido suyo de ser enterrado en nuestra casa quinta de la localidad de Piribebuy, a 84 km de Asunción,en el departamento de la cordillera, en el lugar por él bautizado “Los Pilinchos”, sucursal del cielo.
Esta circunstancia de abordar el tema de la muerte, y en particular la de alguien tan amado, a lo largo
de este tiempo me hizo atravesar todos los estados de la melancolía imaginables –único justificativo a mi inoperancia como arquitecto.




El ingreso atravesando la señal de las vigas, por los cuatro espacios interrumpidos del perímetro, hace desaparecer el lugar o densifica el aire con una fuerza centrípeta muy especial, donde todo lo presente queda integrado, esperando el momento en que se tome asiento junto al lugar de la tumba, momento en el cual toda presencia es asimilada por los espejos, que en su infinita repetición del espacio, lo transforma ahora sí en un integrador centrífugo.Recordá que la altura de las vigas es la normal de una baranda, de aproximadamente 1.10 m de alto,entonces al estar parado en ese espacio, la vista normal recorre más metros que la superficie de 81m2 inscrita y resonante. 




Sé que es recurrente asociar la idea de los espejos al enamoramiento egoísta por excelencia, el narcisismo; pero hay una cosa que siempre me fascinó de los reflejos, la internalidad de “uno” y la externalidad de lo “otro” claudica en esta superficie, yo habito dentro mío, y yo soy el límite que me separa de lo otro. La excepción que abrazo con desesperación es el espejo. En el espejo yo estoy “allí”, en frente, fuera de mí mismo, habitando una otra dimensión que me iguala a todo lo demás, o que me permite habitar en otro mundo que no sea mi interior, en un plano de igualdad y simultaneidad; tal vez en el espejo tengamos
la máquina capaz de permitirnos el habitar de otra forma con nuestros seres... los amados ausentes, porque la
obscenidad de la muerte les arrancó de nuestro lado... los que son el amor imposible, porque nunca encontramos ni el espacio ni el tiempo que les permita existir.




Esta pequeña obra creo que tiene un particular carácter exorcisador para mí, y espero de ella un efecto por
demás positivo en el gerenciamiento relacional con todos mis fantasmas. Me gustaría que sepas que “la invención de Morel” sigue dando frutos –aunque muy influenciado además por mis queridos hermanos brasileños, también estoy tentado a explicar para ellos esta obra de la siguiente manera... 4 vigas... 4 pilares... 4 espejos... y una fosa– aunque la poesía concreta sea para mí una refrescante novedad..."


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